Desde finales del siglo III, con la
consolidación del cristianismo y el inicio de la filosofía medieval, se empezó
a extender la creencia de que los seres humanos estamos hechos a imagen y
semejanza de Dios, por tanto en un plano jerárquico superior al resto de seres,
fruto de la creación divina. Posteriormente con el Renacimiento y el
surgimiento de la filosofía moderna, se continuarían ensalzando, ya no desde la
fe sino desde el triunfo de la razón sobre ésta, las peculiares capacidades
cognoscitivas y normativas del ser humano, capaz de definirse y ser definido
sólo en referencia a sí mismo, sin tener en cuenta a los otros y otras ni al
medio ambiente.
Sólo muy recientemente ha aparecido un
pensamiento ecológico o ecosofía que «surge como tal durante la primera mitad
de los 70, prácticamente al mismo tiempo que el ecologismo como movimiento
social; al cual acompaña, tratando de ofrecer una visión de calado sobre la
problemática medioambiental» (Arnáiz Ferrer, 2011, 34-35).
La
relación del ser humano con la Tierra está necesitada de refundación. La
historia del pensamiento y de la ciencia occidental ha situado a la Tierra en
un plano diferente e inferior al del ser humano. Sin embargo, no debemos
olvidar, que «tenemos Tierra en nuestros adentros» (Boff, 2002, 58). La
etimología de la palabra humano bien nos lo ilustra, su raíz humus significa
tierra. Por ello, ser conscientes de nuestra terrenalidad es el primer paso
para la construcción de una nueva concepción del ser humano, abierta a la
dimensión ecológica. Además, esta toma de conciencia de nuestra terrenalidad
nos hace humildes. La palabra humildad, humilis, se encuentra etimológicamente
emparentada con humus, y significa de poca altura, cercano a la tierra. La
humildad nos permite despegarnos de la arrogancia de creernos como Dioses
(Martínez Guzmán, 2005, 80-81). Descubrir que no existe distancia entre
nosotros y la Tierra, que estamos formados por las mismas energías, por los
mismos elementos físico-químicos, es el primer paso en esa nueva autoconciencia.
La filosofía debería orientarnos y ayudarnos a tomar conciencia de esa profunda
unidad. Según Jesús Mosterín la filosofía, y en general toda reflexión crítica
actual, adolece de tres insuficiencias. «Una filosofía satisfactoria nos
proporcionaría una cosmovisión global científicamente aceptable, nos señalaría
el camino de la buena vida posible y nos ayudaría a sintonizar con la realidad
última del universo» (Mosterín, 1994, 27).
“Empédocles, natural de Agrigento, explicó el
origen del mundo por la combinación de los cuatro elementos: agua, aire, tierra
y fuego, dando a este último la preferencia. Aunque no parece que en esta
teoría se encerraba más que la física de Empédocles, pues que distinguía entre
el mundo sensible y el intelectual, no obstante, el modo con que explicaba la
naturaleza y operaciones del alma inspiran algunas dudas sobre el verdadero
sentido de sus doctrinas.” Jaime Balmes, analizando la filosofía y el medio
ambiente se relacionan de la manera en que el ser humano está en intermedio de
ellos dos, ya que en los dos interacciona el ser humano. es por eso que entre
mejor cuidemos el medio ambiente el humano puede seguir sobreviviendo, porque
depende de los recursos naturales que se encuentran en el medio ambiente, es
por ello que la filosofía trata de explicar que tan importante es para el ser
humano.
“Tocante al bien y al mal, atribuye el primero
al amor y el segundo al odio; las pasiones del hombre han producido el mal
sobre la tierra, destruyendo la armonía primitiva; pero ésta se restablecerá
con el triunfo del amor, que unirá en suave lazo a todos los seres del
universo.” Empedocles.
Por lo que nos damos cuenta, la filosofía a lo largo de la toda la
historia, ha sido un poco relegada de la cultura ambiental dentro de la
sociedad pero eso no quiere decir que sea
menos importante que otras ciencias que estudian al medio ambiente.
Porque debemos admitir que la filosofía hace que las personas reflexionen de si
están bien o mal ciertas acciones que hacen para con el ambiente, y de manera
directa o indirecta, nos afectan. Pero muy pocas personas son conscientes de
que todo lo que para nosotros es costumbre realizar al cubrir nuestras
necesidades afecta demasiado a lo que en verdad son nuestras necesidades
básicas para sobrevivir como lo son el aire, el agua, las plantas, los animales
y demás. Es importante lo que la filosofía trata de causar en las personas, al
concientizar a la población mediante ideas, y su análisis con
reflexión y así mejorar a nuestro ecosistema.
BIBLIOGRAFÍA:
Jaime Balmes . (2002). EMPEDOCLES . 30
SEPTIEMBRE 2017, de © TORRE DE BABEL EDICIONES Sitio web: http://www.e-torredebabel.com/Balmes-Historia-Filosofia/Empedocles-H-F-B.htm
No hay comentarios:
Publicar un comentario